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CHINCHA MELCHORITA

 

 

 

MELCHORITA

 

Melchorita Saravia Tasayco, (*Chincha, Perú 6 de enero de 1897 - † 4 de diciembre de 1951). Fue una religiosa terciaria Franciscana que dedicó su vida entera al cuidado de los pobres y enfermos del pueblo, es recordada bajo el nombre diminutivo de La Melchorita.

La sierva de Dios Melchorita Saravia, indígena, nace en un hogar, honrado y cristiano, aunque pobre y campesino. Nació en el pueblo de San Pedro Ñoco Bajo, actualmente Distrito de Grocio Prado, Provincia de Chincha Departamento de Ica, siendo las once de la noche del 6 de enero de 1895, Sus padres fueron don Francisco de Sales Saravia Munayco y doña María Agripina Tasayco Rojas, fue bautizada el día 9 de enero de 1895 en la Parroquia de Santo Domingo de Chincha. Según el testimonio de sus familiares, desde los cuatro o cinco años mostró inclinación a ir a la escuela, lo contrario de tantos otros niños y niñas, pero su madre, no se lo permitía. Entonces ella agarraba todo libro que podía como queriendo aprender, pero en igual modo tenía que dejarlos porque no le enseñaban a leer. Igualmente agarraba los juncos para aprender tejer, sombreros y también tenía que dejarlos, pues todavía no tenía aptitud natural para ello.

Más bien, en lo que aprovechó antes de ir a la escuela fue en aprender las oraciones y catecismo porque eso si le enseñaron su padre y su madre. Y dado su gran deseo de aprender, pronto los supo de memoria y se aprovechaba de ellos para sus rezos. Debido a la pobreza que los aquejaba, Melchora desde su juventud tuvo que ocuparse, como Jesús y María en Nazareth, en las ocupaciones del hogar, en el cuidado de sus hermanos menores, etc. A medida que iba creciendo en edad aprovechaba las oportunidades para reunir a los niños y jovencitas para hacerles rezar el rosario y enseñarles a dominar el catecismo.

El trabajo material no le hacía despreocuparse de la vida de piedad, antes por el contrario sabía la importancia debida. En su pueblo natal, al principio no había templo, pero ella desde muy joven se alistaba muy temprano los domingos y días de fiesta para ir a pie unos cinco kilómetros de Chincha Alta para oír la primera misa que era celebrada a las cuatro de la mañana y recibir la Sagrada Comunión, asimismo. Hablaba a los hombres descuidados y les insinuaba que debía acudir a cumplir con el precepto anual de la confesión y comunión pascual.